¿Cómo es viajar con un border collie? Mi experiencia con Loki

David y Loki border collie durante una ruta de montaña en la Tinença de Benifassà

Viajar con un perro suena idílico en Instagram. Montañas, playas, casas rurales y perros felices corriendo en libertad. La realidad suele ser un poco más compleja. En nuestro caso, por ejemplo, hay un pequeño problema: Loki se marea muchísimo en el coche.

Si buscas información sobre viajar con un border collie, probablemente encontrarás listas de consejos: lleva agua, haz paradas, busca alojamientos pet-friendly.

Todo eso está muy bien.

Pero mi experiencia con Loki ha sido bastante más caótica.

Porque Loki se marea. Mucho.

Desde cachorro, cualquier trayecto de más de veinte minutos tenía muchas probabilidades de terminar igual: jadeos, salivación, inquietud y, tarde o temprano, una vomitona monumental.

Durante una temporada llegué a pensar que nunca podríamos viajar con él.

Lo curioso es que, pese a todo, creo que a Loki le encanta viajar. O mejor dicho: odia el viaje, pero le encantan los destinos.

Porque en cuanto abrimos la puerta del coche y descubre que está en un sitio nuevo, parece que todo el sufrimiento del trayecto desaparece de golpe.

Y ahí empieza la aventura.

Nuestro primer viaje con Loki

El primer viaje de varios días que hicimos con Loki fue cuando tenía aproximadamente un año.

Nos fuimos a una casa rural en Cabanes, en el interior de Castellón, cerca de Benicàssim.

Hasta entonces no nos habíamos atrevido. Por un lado, porque todavía estaba terminando de aprender lo del pis y la caca fuera de casa. Por otro, porque seguía teniendo bastante afición por morder cualquier cosa que estuviera a su alcance y no nos apetecía demasiado que decidiera redecorar una casa ajena.

Y además estaba el coche.

Desde muy pequeño sabíamos que no lo llevaba bien. Aun así, decidimos intentarlo.

Como siempre que salimos con él, llevábamos un pequeño botiquín y ya había buscado dónde estaba el veterinario de urgencias más cercano. Por suerte no hizo falta.

Nada más llegar ocurrió algo que resumió perfectamente cómo iba a ser el viaje.

La casa tenía una parcela grande con varias gallinas.

Abrimos la puerta del coche.

Loki salió disparado.

Las gallinas también.

Todavía estoy convencido de que algunas no volvieron a aparecer hasta que nos fuimos.

Loki border collie explorando la parcela de la casa rural

El problema que seguimos teniendo: el mareo

Loki se marea desde cachorro.

Recuerdo perfectamente la primera vez. Nos acabábamos de apuntar al curso de adiestramiento y teníamos que hacer un trayecto de unos veinte minutos. Nada más subir ya se notaba que algo no iba bien. Empezó a salivar muchísimo, no encontraba postura, se levantaba, se tumbaba, volvía a levantarse, jadeaba. Y a mitad de trayecto devolvió hasta la última papilla.

Pensamos que sería cuestión de acostumbrarse. Así que durante una temporada intentamos hacer trayectos cortos para que fuera asociando el coche con algo normal.

Funcionó a medias.

Consiguió acostumbrarse al coche, pero no al mareo. Hoy se sube voluntariamente, va mucho más tranquilo, incluso hay momentos en los que parece relajado. Pero si el trayecto es suficientemente largo, el resultado suele ser el mismo.

Vomita.

La única diferencia es que ahora sabemos más o menos cuándo va a ocurrir. Intentamos hacer paradas, evitamos darle comida antes de viajar y controlamos también la cantidad de agua. A veces ayuda. A veces no.

Hace poco nuestra veterinaria nos recomendó probar Serenia para los viajes largos. Todavía no lo hemos utilizado, pero seguramente acabemos haciéndolo.

Cómo viajamos hoy

El último viaje que hicimos fue hace apenas una semana.

Nos fuimos a pasar el fin de semana a la Tinença de Benifassà, uno de mis rincones favoritos de la Comunidad Valenciana. El trayecto dura unas dos horas y media desde Valencia.

Para no hacerlo del tirón, solemos parar aproximadamente a mitad de camino. Esta vez fue bastante bien en la primera parte, pero la segunda mitad tiene bastantes curvas y eso suele pasar factura. A estas alturas ya sabemos que forma parte del viaje.

Loki viaja siempre en los asientos traseros, sobre una funda impermeable que protege el coche y además le da bastante más estabilidad. También va sujeto con un cinturón de seguridad específico para perros. La seguridad es una de esas cosas en las que prefiero no escatimar.

Y aunque el pobre lo pasa mal cuando se marea, hay que reconocerle una cosa: se porta de maravilla. No ladra, no monta escándalo, no da guerra. Si no fuera por los síntomas del mareo, muchas veces ni notarías que va detrás.

Lo que llevamos siempre cuando viajamos

Hay algunas cosas que nunca faltan cuando viajamos con Loki.

La funda impermeable para los asientos traseros es imprescindible. Entre el barro, el agua y los imprevistos del camino, se ha ganado su sitio.

El cinturón de seguridad para perros también.

Y además de eso:

  • Cartilla veterinaria
  • Botiquín básico
  • Teléfono de la clínica veterinaria de urgencias más cercana
  • Bebedero portátil
  • Toallas
  • Snacks
  • Su comida
  • Y, por supuesto, los discos de disc dog. Porque siempre que podemos acabamos jugando un rato.

Elegir alojamiento cuando viajas con perro

Las veces que hemos viajado con Loki nos hemos quedado principalmente en casas rurales o alojamientos completos. No porque él necesite grandes lujos, sinceramente, creo que le da igual. Mientras esté con nosotros, es feliz.

Lo que sí hacemos siempre es asegurarnos de que aceptan perros. Nosotros solemos buscar los alojamientos a través de Booking porque permite filtrar fácilmente los que admiten mascotas y ver las condiciones antes de reservar.

Pero más que el alojamiento en sí, lo que me importa es lo que hay alrededor. Rutas, naturaleza, ríos, playas. Lugares donde podamos pasar tiempo juntos.

Porque al final el alojamiento es donde dormimos. La aventura ocurre fuera.

David y Loki border collie en la hamaca de la casa rural de Cabanes

Cómo es Loki cuando llega a un sitio nuevo

En el coche va tranquilo. Casi en trance. Supongo que es el mareo, pero durante buena parte del trayecto parece estar en otro mundo.

Y entonces abrimos la puerta.

De repente vuelve a aparecer el Loki de energía infinita.

Sale disparado, va de un lado a otro y, sobre todo, huele. Sigue rastros, mete el morro en cada planta, en cada flor, en cada rincón nuevo que encuentra. Es como si todo el viaje desapareciera de su cabeza de golpe.

Dentro del alojamiento pasa algo parecido. Entra hecho una bala y recorre cada habitación sin parar, como si necesitara memorizar el sitio entero antes de poder relajarse.

En ese primer rato hay que estar bastante pendiente de él, sobre todo por el pis. Nos ha pasado alguna vez. No es que no sepa hacerlo fuera, es que en un sitio nuevo todavía no entiende del todo que esas paredes, ese sofá y ese pasillo también tienen las mismas normas que casa.

La clave es pillarlo a tiempo, sacarlo fuera y marcarle el límite desde el principio. Si lo hacemos bien, no suele volver a pasar durante el viaje.

Ojalá pudiera explicarle las normas antes de entrar.

Pero con Loki casi todo funciona igual: primero explora, luego entiende, y después se calma.

Bueno.

Se calma un poco.

Lo mejor de viajar con un border collie

Hace apenas unos días fuimos a la Tinença de Benifassà.

Yo ya conocía el embalse de Ulldecona y sabía que quería llevar a Loki allí. Siempre le ha encantado el agua. En la playa fue una de las primeras cosas que descubrimos de él. Al principio las olas le imponían un poco, pero una vez superó ese miedo ya no hubo vuelta atrás.

Desde entonces, cualquier río, charca o embalse es una invitación.

Lo que no esperaba era encontrarme un sitio tan bonito.

Llegamos a través de un restaurante con vistas al embalse. De esos lugares en los que podrías quedarte una hora simplemente mirando el paisaje con una cerveza en la mano.

Desde allí bajaban unas escaleras hasta el agua.

Bajé con Loki.

Y en cuanto me lancé al agua, él vino detrás.

Estuvimos nadando juntos un buen rato. Bueno, yo un buen rato. Porque cuando salí, Loki decidió que él todavía no había terminado. Se quedó nadando, entrando y saliendo del agua, explorando la orilla y volviendo a lanzarse otra vez. Sin exagerar, estuvo cerca de una hora.

Parecía más una nutria que un perro.

Si me hubiera quedado en casa porque el viaje era largo o porque era más cómodo no movernos, ese recuerdo simplemente no existiría.

Y creo que eso resume bastante bien lo que significa viajar con perro.

No se trata solo de ver lugares nuevos. Se trata de ver cómo los descubren ellos.

Y no fue el único momento especial de ese viaje. También hicimos varias rutas por la montaña. Durante todo el recorrido Loki fue exactamente como es él: iba siempre unos metros por delante, explorando, buscando palos, piñas o cualquier cosa que llamara su atención. A veces encontraba ramas tan grandes que apenas podía arrastrarlas y aun así insistía en llevárselas.

Lo que más me gusta cuando hacemos rutas es que siempre quiere ir delante, pero nunca demasiado lejos. Va explorando el camino, pero cada pocos segundos gira la cabeza para comprobar que seguimos detrás. Como si quisiera liderar la expedición, pero asegurándose de que nadie se queda atrás.

Y creo que esa imagen le describe bastante bien.

Lo más difícil de viajar con un border collie

Lo más complicado no es el mareo.

Lo más complicado es la planificación. Cuando viajas sin perro puedes improvisar mucho más. Con un perro tienes que pensar: dónde vas a comer, dónde puede entrar, qué actividades vais a hacer, si el alojamiento acepta mascotas, si el trayecto es demasiado largo.

Todo requiere un poco más de organización. Y eso limita algunos planes.

Probablemente no elegiría una escapada centrada en visitar una gran ciudad. Pero dame una playa, un pueblo de montaña o una ruta por el campo y estaremos encantados.

Loki border collie en un acantilado con el mar Mediterráneo de fondo

¿Merece la pena?

Para nosotros, sí. Sin ninguna duda.

Viajar con Loki implica más planificación, más paradas y más preocupaciones de las que me gustaría reconocer.

Pero también significa compartir algunos de los mejores momentos de su vida.

Porque al final ellos no eligen dónde viven, ni qué aventuras tienen, ni qué lugares conocen. Nosotros sí.

Y creo que, siempre que podamos, merece la pena enseñarles un poco más de mundo.

Porque al final ellos solo conocen la vida que nosotros les mostramos.

¿Viajas con tu perro? Cuéntame vuestra experiencia en los comentarios. Me encantaría saber si el tuyo también se transforma en cuanto llega a un sitio nuevo, o si el vuestro es de los tranquilos.

David y Loki border collie juntos en el río

David

Vivo en Valencia con Loki, un border collie rescatado en Gilet. En este blog cuento nuestra experiencia real: paseos, disc dog, reactividad y todo lo demás. Nuestra historia →

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